LA CUESTION BINACIONAL, EL PLURALISMO Y LA RECIPROCIDAD ENTRE DOMINICANOS Y HAITIANOS

LA CUESTION BINACIONAL, EL PLURALISMO Y LA RECIPROCIDAD ENTRE DOMINICANOS Y HAITIANOS
Apuntes para una discusión abierta sobre el tema migratorio
Apuntes para una discusión abierta sobre el tema migratorio
Por: David E. Arias Rodríguez
Ciertamente hablar la cuestión binacional cuando se trata de temas que conciernen a la Republica Dominicana y la República de Haití es algo que supone asumir compromisos éticos que van más allá de las pasiones propias del nacionalismo irracional y de la oposición a ultranzas de todo lo que concierne al ámbito de los derechos soberanos de todo pueblo.
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Para algunos intelectuales acomodados ideológicamente al nuevo “internacionalismo”[1] que ha sido metamorfoseado por nuevos “imperativos categóricos”[2] dictados por las ideas “globalizantes” entienden que hablar de soberanía resulta un tanto desfasado en una sociedad globalizada, para otros el hablar de integración le causa pavor e implica una perdida de soberanía, por lo tanto hablar del tema sin que el mismo suponga caminar sobre el filo de la navaja de las posiciones de quienes quieren llevar el tema al plano racial o los que creen que el tema de la cuestión binacional corresponde meramente a la esfera de la soberanía resulta algo embarazoso.
Para algunos intelectuales acomodados ideológicamente al nuevo “internacionalismo”[1] que ha sido metamorfoseado por nuevos “imperativos categóricos”[2] dictados por las ideas “globalizantes” entienden que hablar de soberanía resulta un tanto desfasado en una sociedad globalizada, para otros el hablar de integración le causa pavor e implica una perdida de soberanía, por lo tanto hablar del tema sin que el mismo suponga caminar sobre el filo de la navaja de las posiciones de quienes quieren llevar el tema al plano racial o los que creen que el tema de la cuestión binacional corresponde meramente a la esfera de la soberanía resulta algo embarazoso.
Creemos que ante estas dos posiciones encontradas debe anteponerse una actitud reflexiva lejos de las pasiones. Hacer de analista en la cuestión binacional no es nada fácil y sobre todo cuando se mueven muchos intereses poderosos tanto a nivel nacional como internacional en torno a tal cuestión. Es obvio que en el abordaje del tema existen dos ideas contrapuestas: si alguien protesta por alguna decisión que implica adoptar cierta posición que involucre el tema de la soberanía esa protesta es llamada racista y si a esto se le antepone la de los defensores de los derechos de los inmigrantes entonces son acusados de haitianofilos y antinacionales.
Aquellos que utilizan el arma favorita del antirracismo que es la calificación de racista contra todo lo que contradiga sus “principios” no saben que con esta actitud provoca que los ciudadanos que se sienten originarios de un determinado territorio acaben convirtiéndose en realmente racistas por indignación. La militancia antirracista debe ser cuidadosa para que su actitud beligerante no genere racismo y falso nacionalismo.
El concepto de integración
La integración no la vemos en el sentido racial o geográfico-político, sino más bien ciudadano. No es racial pues la lucha por los derechos no puede aplicarse en un país de mezclados como lo es Republica Dominicana. Tampoco geográfico-político pues es la utopía de aquellos que sueñan con “una isla un país” esta muy lejos de hacerse realidad. Están muy equivocados los que piensan que semejante absurdo histórico puede ser posible.
Muy por el contrario lo referido por nosotros cuando hacemos alusión al tema de la integración es el que un ciudadano integrado es aquel que forma parte de la vida civil y cultural aun sea extranjero en un determinado país.
Nadie puede vivir en un país sin tener una idea de su estatus quo, sin poseer identificación, pues esto implica un riesgo tanto para la seguridad ciudadana como para la seguridad nacional. Un ser humano que no ha sido investido de documentación ciudadana es una aberración de los derechos ciudadanos tanto de los anfitriones que deben padecer inseguridades derivadas de la indocumentación como de los huéspedes que ven como sus derechos laborales y demás son constantemente violados. Un extranjero que no es identificado que se encuentra indocumentado es también pasible de abusos de todo tipo ya que carece de derechos al menos de derechos formales y constituidos.
Un ciudadano extranjero no es un ciudadano dominicano salvo que éste decida con arreglo a la constitución y las leyes optar por la ciudadanía dominicana. Para ello opinamos que este ciudadano debería someterse a una serie de exámenes y pruebas que compruebe su verdadera disposición de “Ser dominicano” y que esta dispuesto a respetar nuestras instituciones, leyes e historia como exigen otros países para otorgar ciudadanía. Esto último debe ser aplicable a todos los extranjeros sin distinción.
El sentido de responsabilidad de todo aquel que ejerce y adopta posiciones políticas debe tomar la ética de la responsabilidad social frente a la fácil ética de los dogmas ideológicos. Una posición ideológica o de principio puede tener buenas intenciones pero el no adoptar posiciones responsables en el ejercicio público y político puede traer graves consecuencias fruto de una marcada irresponsabilidad frente a su propio país y finalmente también ante los propios inmigrantes que supuestamente defiende.
Es difícil abordar el tema de la inmigración de nacionales haitianos dentro del marco de la cuestión binacional como ya dije sobre todo cuando quien escribe es ciudadano de uno de los países involucrados donde existen las insondables cadenas de significantes culturales que son emanadas de condiciones históricamente determinadas, las cuales hacen que las construcciones conceptuales respondan a distintos estímulos acuñados por la memoria social. Esto aplica para los ciudadanos de ambos países implicados.
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Analizar lo más objetivamente posible un tema conflictivo es una tarea ardua y que no deja contentos a mucho de quienes leen este artículo. Los temas migratorios envuelven elementos éticos y de percepción, saber que la inmigración aporta fuerza de trabajo para el desarrollo (muchas veces explotadas) y que a la vez la inmigración de nacionales haitianos como fenómeno social , económico y cultural plantea la incursión descontrolada de personas procedente de una cultura diferente históricamente antagónicas (si se quiere) que buscan un mejor destino en un medio social que le es extraño, a pesar de su cercanía geográfica y el pensar que este ciudadano haya venido para poder sobrevivir y lidiar con un medio que considera hostil y desconocido (pero mejor que en su país de origen) hace que nazca la semilla para el cultivo de nuevas formas de ghettos [3] o espacios poco integrados con el sistema social del territorio anfitrión.
Diferencia entre pluralismo y la multiculturalidad que tanto se promueve
Según Giovanni Sartori “el pluralismo, es una integración voluntaria y racional, suma valores, mientras el multiculturalismo fracciona y fragmenta, crea pequeñas sociedades cerradas, de necesidad identitaria en las que ya se disuelve la premisa de que todos los ciudadanos son iguales y liquida así la ciudadanía, balcaniza”. [4]
Nuestro problema no es aceptar la diversidad sino que el provocar integraciones sin ciudadanizar a los individuos es prácticamente un error de principio que afecta los contenidos culturales y las instituciones sociales.
Es bueno señalar que cuando hablamos de ciudadanizar no nos referirnos al concepto entendido en términos legales únicamente, sino al proceso de asumir (por parte del inmigrante) la cultura y los valores de la sociedad anfitriona y respetarla. Las actas de nacimientos y cedulas dominicanas no equivalen a integración.
Conceder ciudadanía sin ningún tipo de exigencias a personas que en gran parte vienen dispuestas a no integrarse y que acaban formando grupos o ghettos que no son integrables es un error, pues un grupo humano aislado puede en un futuro constituirse en un grupo de presión en contra precisamente de la sociedad que los acepto y decidió acogerlos, es uno de los grandes errores que cometen muchos “defensores de los derechos de los inmigrantes”.
Creemos en las protestas y las luchas reivindicativas siempre que estas sean para el bien del conjunto de la sociedad, no de grupos autoproclamados diferentes y facciones que atenta contra la integridad del cuerpo social.
Los nacionales extranjeros que no quieren integrarse fragmentan la sociedad y rompen el principio de igualdad ante la ley para una sociedad que aspira a ser plural y democrática algo que ha costado muchos sacrificios para poder construirse. La no integración supone principios claros de una división del trabajo renuente a factores de movilidad social positiva.
Coexistencia de los principios de reciprocidad y ciudadanía
Nos referimos a que el principio de la reciprocidad supone que, la entrada voluntaria a un país donde no se pertenece ya sea por razones de nacimiento o de su condición jurídica-constitucional donde éste ciudadano obtiene mejores condiciones de vida que en su propio país considerando que nadie lo ha obligado a hacer semejante traslado, entonces es racional que este ciudadano huésped tiene que ajustarse a los valores básicos de la sociedad que lo ampara[5].
Si este ciudadano no acepta, no es que merece ser expulsado del territorio de la nación anfitriona, pero es un inmigrante que no ha comprendido el carácter reciproco que implica el beneficio de una ciudadanía y por lo tanto no puede tener los mismos derechos que otros que si se han integrado: nadie puede gozar de los beneficios y vivir en un país cuyas reglas no acepta, tan sencillo como esto.
Una sociedad que promueve el aislamiento y fragmenta los espacios étnicos culturales inicia sin darse cuenta una disolución balcánica de lo que debería ser una sociedad pluralista. Una sociedad abierta como paradigma libertario es una sociedad realmente plural donde ésta existe como antítesis a aquella que es cerrada y segregacionista culturalmente.
Se trata de poder definir el valor de la diversidad, la solidez del pluralismo dentro de nuestros propios parámetros culturales sin influencias de percepciones foráneas sobre nuestra realidad binacional y aquí queremos hacer un alto: decimos percepciones foráneas porque el nivel de desinformación y la gran cantidad de elementos inconexos que se ciñen en el debate binacional es algo muy propio del cual se han hecho consideraciones cuyos análisis categóricos han sido influenciados por construcciones teóricas de otras latitudes, lo cual no permite hablar con propiedad sobre la cuestión a las partes involucradas en el tema dominico-haitiano. Por tal motivo no creemos que realmente exista una “concepción” en el sentido propio de la palabra que esté gravitando como paradigma para guiar los designios políticos de la cuestión binacional.
Lo más importante antes de abordar cualquier discusión conceptual es practicar la tolerancia de las ideas contrarias y aceptar los puntos medios para los acuerdos.
Es importante resaltar que hablamos particularmente de acuerdos y no de consenso como muchos pregonan puesto que el consenso es una utopía irrealizable en el ámbito de las relaciones políticas y mucho menos en materia de políticas migratorias ya que toda negociación en este plano implica ceder en puntos y derechos importantes para cada una de las partes para con ello lograr un entendimiento y una salida satisfactoria a la problemática.
La importancia de la tolerancia en los temas migratorios es un valor que deben asumir las dos partes esenciales involucradas en el fenómeno de las migraciones: la población anfitriona y la población huésped una y otra son parte de una misma realidad las cuales se ven afectadas recíprocamente y condicionadas por el medio social y el territorio donde gravitan.
Con estos elementos teóricos conceptuales debemos enfocarnos y consolidar el concepto de diversidad la cual no es dañina, sino que esta es un valor agregado que debe saberse utilizar, y a partir de esto saber su correcta interpretación y el no ignorar el hecho de que una sociedad donde se respete la diversidad influirá definitivamente en que podamos desarrollar nuevas significaciones que logren cobrar significado en la practica y movilicen la sociedad en el plano de la realidad misma que a ella le toca vivir.
Estas nociones deben ser capaces de ofrecer pistas para la configuración de un orden social construido a partir de la tolerancia, los acuerdos y el pluralismo: estas son las tres piezas claves con las cuales marcha una sociedad democrática. Si no tomamos en cuenta el valor ético de la tolerancia podrían ambas sociedades implicadas colapsar
El error de contenido de las discusiones ha sido el fundamentarse sobre premisas falsas y el pensar que las nociones sobre una sociedad plural deben estar asociadas a conceptos infinitamente dúctiles y capaces de soportar todo tipo de distorsiones.
La apertura sistémica como plantean algunos de nuestros intelectuales dominicanos seducidos por los cantos de sirena del humanismo abstracto, forman parte de los grupos de quienes plantean una integración total fruto de la entrada indiscriminada de todo aquel que quiera hacerlo sin considerar que la naturaleza social de los hechos económicos condicionada por factores determinantes en el orden material como el espacio y los recursos naturales que son factores finitos y limitados y que a la postre repercutirá en la calidad de vida tanto de los anfitriones como de los huéspedes y sobre todo que lo hacen sin tomar en cuenta lo mas peligroso que es el hacer una integración en el sentido burdo de la palabra sin medir sus secuelas.
Integrar sin medir consecuencias constituye una irresponsabilidad que podría tener derivaciones imprevisibles que posiblemente desencadenarían en violencias del tipo nacional-territorial y quizás convertirse en detonantes de una verdadera conflictividad xenofobica futura.
Es bueno saber que la entrada indiscriminada sin una categorización efectiva de los movimientos migratorios supone la admisión de fuerzas culturales que pueden resultar ajenas a las ideas pluralistas si estas son involuntaria o voluntariamente aisladas.
Una propuesta de cooperación binacional: La Agencia Dominicana de Cooperación Internacional
Podría parecer un desatino proponer una Agencia Dominicana de Cooperación Internacional, pues muchos dirán que República Dominicana es un país pobre y del tercer mundo que más bien “necesita que lo ayuden”. Pero resulta que la realidad es otra: por citar un solo ejemplo actualmente una parte importante de los presupuestos de salud y educación se invierten en proporcionarle servicios de asistencia a nacionales haitianos y sin embargo no existe una correspondencia entre los aportes del pueblo dominicano y la evidencia estadística reflejada en los sacrificios económicos de dicho pueblo.
Es necesario evidenciar ante la comunidad internacional nuestros aportes para paliar la situación de calamidad del pueblo haitiano y que por medio de esta oficina de cooperación puedan ser canalizados y evidenciados los recursos dominicanos como parte de una contribución del pueblo dominicano a la problemática de pobreza extrema de Haití.
Esta oficina deberá organizar, institucionalizar, clasificar y llevar un control estadístico de los aportes del estado dominicano en materia de salud, educación y seguridad ciudadana al pueblo haitiano.
La ADCI podría encargarse por medio de la Secretaría de Planificación y Desarrollo de canalizar los recursos internacionales para todo lo concerniente al tema binacional que dicho sea de paso no se resume al tema fronterizo como se piensa ya que los nacionales haitianos se encuentran en todo el territorio nacional y sus problemas son transgeograficos por lo que no puede ser objeto de localización espacial en punto especifico del territorio.
También la Agencia Dominicana de Cooperación Internacional podría promover proyectos de desarrollo e inversión en la Republica de Haití así como canalizar la inversión privada haitiana en República Dominicana.
Por ultimo hemos de significar que la cuestión binacional no está lo suficientemente debatida y falta voluntad en muchos casos para afrontar de manera valiente y creativa los desafíos que dicha cuestión supone.
Proponemos que se designe una comisión interministerial para diseñar un anteproyecto de ley donde discuta ampliamente el tema de las líneas de acción en el plano de la cooperación y la reciprocidad entre ambos países.
Santo Domingo, D.N,
27 de Diciembre del año 2007
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Notas:
[1] El socialismo fue el primer movimiento político que acuñó el término internacionalismo y, ciertamente, los ideales internacionalistas se basan de forma prominente en los principios del movimiento socialista. Durante el siglo XX, el internacionalismo dejó de ser un asunto exclusivamente integrado en el ámbito del socialismo, aunque aún recibe la mayor parte de su apoyo por parte de la izquierda política. El mercado libre globalizado contemporáneo no se puede definir como internacionalismo, ya que éste promueve únicamente la integración económica, mientras ignora los aspectos políticos y sociales. Es por ello que hacemos hincapié en que a decir de muchos teóricos socialistas la derecha es muy hábil en tomar conceptos de izquierda e incorporarlos para sus fines sino démosle un vistazo al concepto “Sociedad Civil” que es el líder de los conceptos plagiados el cual tiene el raiting del mayor numero de acepciones contrapuestas.
[2] El Imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785)
[3] Un ghetto o gueto (del dialecto veneciano ghetto, fundición de hierro, por la fábrica alojada antiguamente en el barrio posteriormente reservado a los judíos) es un área separada para la vivienda de un determinado origen étnico, cultural o religioso, voluntaria o involuntariamente, en mayor o menor reclusión. El término se empleó, originalmente, para indicar las juderías; el uso se ha extendido hoy a cualquier área en la que la concentración de un determinado grupo social es excluyente .En la estructura urbana actual, se ha procedido a aplicar a los barrios dispersos separados del resto de la ciudad y poblados por cualquier concentración de una minoría determinada de origen étnico, cultural o religioso (por ejemplo, un Barrio Chino, o una comunidad Amish. Las ciudades que presentan mayores guetos son: Madrid, Nueva York y Miami.
[4] El País, 8 de abril del 2001 “ la inmigración sin limites es una Amenaza”, entrevista a Giovanni Sartori.
[5] Ibid 4
[1] El socialismo fue el primer movimiento político que acuñó el término internacionalismo y, ciertamente, los ideales internacionalistas se basan de forma prominente en los principios del movimiento socialista. Durante el siglo XX, el internacionalismo dejó de ser un asunto exclusivamente integrado en el ámbito del socialismo, aunque aún recibe la mayor parte de su apoyo por parte de la izquierda política. El mercado libre globalizado contemporáneo no se puede definir como internacionalismo, ya que éste promueve únicamente la integración económica, mientras ignora los aspectos políticos y sociales. Es por ello que hacemos hincapié en que a decir de muchos teóricos socialistas la derecha es muy hábil en tomar conceptos de izquierda e incorporarlos para sus fines sino démosle un vistazo al concepto “Sociedad Civil” que es el líder de los conceptos plagiados el cual tiene el raiting del mayor numero de acepciones contrapuestas.
[2] El Imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785)
[3] Un ghetto o gueto (del dialecto veneciano ghetto, fundición de hierro, por la fábrica alojada antiguamente en el barrio posteriormente reservado a los judíos) es un área separada para la vivienda de un determinado origen étnico, cultural o religioso, voluntaria o involuntariamente, en mayor o menor reclusión. El término se empleó, originalmente, para indicar las juderías; el uso se ha extendido hoy a cualquier área en la que la concentración de un determinado grupo social es excluyente .En la estructura urbana actual, se ha procedido a aplicar a los barrios dispersos separados del resto de la ciudad y poblados por cualquier concentración de una minoría determinada de origen étnico, cultural o religioso (por ejemplo, un Barrio Chino, o una comunidad Amish. Las ciudades que presentan mayores guetos son: Madrid, Nueva York y Miami.
[4] El País, 8 de abril del 2001 “ la inmigración sin limites es una Amenaza”, entrevista a Giovanni Sartori.
[5] Ibid 4
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